Que sea el pueblo el que decida, cómo debe ser, además de caminar, gastar los zapatos y tocar puertas para obtener el voto de los ciudadanos.
Esto es parte de lo que se propone con la reforma electoral impulsada por la presidenta Sheinbaum.
Una reforma electoral de gran trascendencia que modificará, al ser aprobada, la forma en que se eligen los representantes en el Congreso, con cambios clave tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.
A muchos se les acabó el veinte. Se pretende que los candidatos plurinominales ya no podrán obtener una curul únicamente por figurar en las listas de sus partidos políticos.
Y es que en verdad, ya estuvo bueno de mantener (con bastante dinero, por cierto) parásitos que llegan a un cargo sin ganarlo ni merecerlo. Ahí tenemos a Sergio Mayer, que con la mano en la cintura decidió dejar su puesto como diputado para irse al show business, ocurrencia que le puede costar la expulsión del partido guinda.
Mientras la fórmula de asignación proporcional se mantiene para los diputados, ahora los partidos deberán postular a sus candidatos en distritos electorales; los escaños plurinominales se otorgarán a quienes obtengan los mejores resultados sin ganar directamente la elección en su distrito.
También se toma en cuenta a los paisanos que viven en el extranjero; por ello, se reservan ocho de estos lugares para mexicanos que residen fuera del país, ampliando la representación de la comunidad migrante.
El cambio más contundente se concentra en el Senado, donde la reforma elimina por completo el sistema de representación proporcional. De ahora en adelante, se conservarán únicamente los dos senadores electos por mayoría relativa y el senador de primera minoría por cada entidad federativa.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo fuerte y claro: “¿Quieres ser senador? Busca el voto popular”. La mandataria enfatizó que el Senado debe seguir siendo un espacio de representación territorial, donde los legisladores respondan directamente a los ciudadanos de cada estado.
Sheinbaum se mantiene firme y abraza los principios de la Cuarta Transformación y pretende que los y las aspirantes a un puesto de elección popular salgan a la calle y estén cercanos a la gente. A ellos se deben y a ellos deben atender.
No estamos hablando de populismo, como suelen decir los opositores. La política humanista de la 4T se ha regido bajo el lema de “más territorio, menos escritorio”, así lo demostró el expresidente López Obrador y así lo ha hecho la presidenta Sheinbaum, que no solo está en Palacio Nacional: los fines de semana recorre el país para conocer las necesidades de la gente.
Claudia, lo dijo ayer en la conferencia mañanera, siempre ha estado en contra de las listas plurinominales y así lo dijo: “Yo siempre he estado en contra de las listas plurinominales, la primera vez que participé fue en la alcaldía Tlalpan. La gente no está de acuerdo con las listas”.
La reforma electoral propuesta por Sheinbaum, que incluye además optimizar recursos, la no reelección en cargos de elección popular, la prohibición de bots en redes sociales, evitar el nepotismo y vigilar que el crimen organizado no intervenga en las elecciones, entre otros puntos importantísimos, ha perturbado a los supuestos aliados de Morena, el PT y el PVEM, que más que aliados parecen enemigos. Sus integrantes tendrán unos días para meditar, reflexionar y decidir su postura. Ya veremos qué deciden.
Estamos ya muy cerca de las elecciones intermedias, que tendrán lugar en junio de 2027. No son elecciones menores, se elegirán 17 gubernaturas, más de 2000 presidencias municipales, además de renovarse la Cámara de Diputados y elegir a jueces y magistrados.
Siempre, las elecciones intermedias son un termómetro para medir cómo estará el terreno para la presidencial, que tendrá lugar en 2030.
Nada puede salir mal con esta reforma electoral, aunque ya sabemos, no falta quien quiera meter el pie. Será la próxima semana cuando veamos lo que ocurre.





