El presidente autoritario de El Salvador, Nayib Bukele, es un charalito en un mar lleno de tiburones. Siendo presidente de un país de apenas 6 millones de habitantes, menor que el de varias de las principales ciudades de México, su impacto en la geopolítica internacional es mínimo, por no decir inexistente.
Por ese motivo, el ponerse con “Sanson a las patadas” con la presidenta Claudia Sheinbaum le salió contraproducente. Utilizando otra expresión de la sabiduría popular, el dictadorzuelo que tiene encarcelado al 1.8% de su población, Bukele, “fue por lana y salió trasquilado”.
Y no lo dice el denominado Twitter chairo, sino Grok, la inteligencia artificial con tendencias derechistas del sitio ex Twitter hoy “X” de Elon Musk. La realidad es que más de 130 millones de mexicanos superan en impacto a los bots de Bukele. Con un alto porcentaje de aprobación, son más los mensajes a favor de Claudia Sheinbaum (los mensajes reales, no las manadas de bots) que los que son en contra. Y su popularidad supera, por mucho, a la de cartuchos quemados cómo Emmanuel Macron o el propio Donald Trump, quién difícilmente supera el 40% de opiniones positivas en su gestión.
En fin. La torpeza de Bukele simplemente le dio la oportunidad a la presidenta y a su gobierno de anotarle un golazo -y de chilena- a la derecha internacional y a su pelele Bukele.