Nodal dice que la maternidad es sagrada. Pero yo creo que tiene completamente trastornados sus conceptos.
La maternidad, según Nodal, es sagrada para abandonarse, para exigirle sexo después del parto, para clavarle un puñal en el corazón con una infidelidad con agravantes de matrimonio y amistad previa. Según Nodal es sagrada, ¿pero que implica lo sagrado para el espécimen mas misógino del caldo de cultivo patriarcal mexicano?
Me imagino, porque no lo sé, que Nodal piensa en la santidad materna como una madre virgen, una madre inmaculada, una madre que, sin embargo, entiende que primero es la satisfacción del marido antes que la atención al cuerpo y al infante, Nodal ha de imaginar que la santidad materna radica en la madre recién parida en la cocina cocinándole al marido huevito con salsa porque tuvo antojo, en la madre que no es más madre que esposa, que no es más madre que cuerpo, que no es más madre que sierva.
Este ideario mexicano de santidad materna nos ha acompañado por generaciones, generaciones a través de las cuales crecimos alimentados con Carnation para que nuestras madres no mostraran indecentemente los pechos, generaciones de niños acostados a las 7 pm antes que el papá llegara para no ser incomodado, generaciones con ropa impecable y en impecable silencio mientras mamá limpiaba la más ínfima mota de polvo.
La maternidad que se nos exigió por generaciones incluso está en los manuales de la época: “no se olvide de bañarse y perfumarse antes que llegue su marido, recuerde que un hombre feliz es el que llega a una casa limpia y a una esposa que no le reprocha nada”
Porque por supuesto, después de parir el mundo, lo que debería interesarnos a todas es mantener al hombre feliz para que no nos deje y no terminemos como Cazzu, solas.
Analicemos ahora la maternidad sagrada real. La histórica, la documentada por generaciones y civilizaciones enteras ¿qué nos encontramos?
La maternidad sagrada es defensa, es rabia, es parir amarradas a un árbol o solas en el desierto. Es morder, es luchar, es enterrar en la arena la placenta para que algo crezca.
En ningún lugar se le indica a la madre, diosa sagrada de la creación, que cuide del marido. Que le dé sexo al marido, que pobrecito, si no, tendrá que irse. En ninguna religión del mundo, salvo en los principios de los buenos cristianos que se sacaron de la manga los conservadores porque incluso Jesús entendía la carnalidad de la maternidad.
Gea, surgió del caos y del caos creó la vida. Démeter bajó a los infiernos para rescatar a su hija pero antes condenó a la humanidad si no le era devuelta, Isis, la diosa madre lactante, Nakawé, que de su muerte nos dio el nopal y otros frutos para el sustento. Todas sangradas, todas diosas, todas cuerpo, sangre e interés principal en el bienestar de sus hijos.
No, Nodal. La maternidad no es sagrada para que la pises, para que esperes que la madre no se defienda de tanta violencia, para que la abandones y te burles. No es sagrada para que le exijas cuentas como si una eyaculación en el lugar y momento correctos te dieran derechos sobre la madre y la hija. La maternidad es sagrada porque estamos todas en pie de guerra frente a nuestros hijos, por pensiones dignas, convivencias que no dañen la psique de nuestros niños y una versión de la historia auténtica y real que deje de proteger a los agresores que, con la mano en la cintura y la confianza en el sistema patriarcal, secuestran a nuestros hijos para que las madres no podamos trabajar ni seguir vivas.
No, Nodal, no nos interesa tu vida personal ni como dañaste a la mujer que jurabas amar. Nos interesa y nos enrabia que nombres como sagrado lo que tú mismo profanaste, que te burles de la herida que tu provocaste y que proclames un amor que solo has alimentado de ausencias y miserias. No Nodal, de nuevo, ni siquiera ser un padre decente te da derecho sobre la madre y su cría.
No te equivoques, Nodal, que lo sagrado nunca es bonito y todas las mujeres “en situación de Cazzu”, con ex parejas a lo Nodal nos estamos defendiendo con toda nuestra santidad y la rabia de nuestras diosas.




