La película México 86 es una obra que narra con excepcional crudeza la forma en que operaba la principal televisora del país y la enorme capacidad de influencia que tenía sobre el gobierno mexicano.

Cuarenta años más tarde, parece que las cosas no cambiaron; y, si lo hicieron, terminaron regresando a lo mismo: la oligarquía que controla el espectáculo y la narrativa pública.

El Mundial de 2026 está igualmente respaldado por otro oligarca, el empresario Carlos Slim, quien mantiene una influencia considerable sobre lo que fue el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y ahora sobre el de Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, hay algo que, por más que intenten controlar gobiernos y oligarcas, no pueden dominar: ¡a los mexicanos!

El Mundial de 1986 se celebró en México luego de que Colombia, país que originalmente había obtenido la sede, tuviera que renunciar a ella debido al creciente dominio del narcotráfico sobre la vida pública y política.

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Azcárraga

La película México 86 muestra cómo, mediante una amplia red de corrupción, Emilio Azcárraga operó junto con Guillermo Cañedo y el entonces presidente de la Femexfut, Martín de la Torre, para que México obtuviera la sede frente a Estados Unidos.

Mientras Estados Unidos, a través de Henry Kissinger, ofrecía misiles y armamento, Azcárraga entregaba dinero a países de África, Centroamérica y Asia para que votaran a favor de México.

Aun así, el país estuvo a punto de perder la sede tras la terrible tragedia del sismo de 1985. Lo que permitió mantenerla fue algo que todavía hoy sigue distinguiendo a México: el sentido de identidad nacional y la solidaridad que mostró la sociedad en su conjunto para salir adelante, reconstruir la capital y dejarla lista para recibir al mundo entero.

En México, la solidaridad y el sentimiento de nación se expresan, nos guste o no, a través del futbol. En Estados Unidos, en cambio, suelen articularse alrededor de sus Fuerzas Armadas y de los conflictos internacionales que cohesionan a esa nación.

En 2026, si bien México enfrenta un contexto que algunos comparan con el de Colombia en 1983 debido al narcotráfico, además de una crisis de infraestructura reflejada en trenes que se descarrilan, refinerías que no refinan y aeropuertos que no despegan, así como una profunda crisis política, esto no ha sido suficiente para impedir la realización del Mundial en nuestro país.

¡Ganamos!

Nuevamente, la sociedad se ha unido y permanece unida en torno al futbol. Ha dejado de lado, al menos temporalmente, la polarización que la llamada Cuarta Transformación ha impulsado y que nos ha dividido.

Ahora, la Selección Mexicana también contribuye a esta demostración de solidaridad y recuperación de la identidad nacional. Un equipo que ha dejado atrás las especulaciones, que ha relegado los intereses políticos y que ha cerrado espacios para que el gobierno se apropie de sus triunfos.

Después de que la Selección Mexicana terminara en primer lugar de su grupo con marca perfecta de nueve puntos y sin recibir un solo gol, el país volvió a entrar en una misma sintonía.

Tras ello surge la gran pregunta: ¿qué va a pasar después? ¿Continuará la polarización y la Cuarta Transformación intentará apropiarse de esta sintonía solidaria? ¿O estaremos frente a un punto de inflexión para el país?

En todo caso, ¡viva México unido por un balón!