Son las 4:00 AM. Después de tres semanas de madrugadas de grandes emociones deportivas, esta vez el Giro d’Italia empezará a las siete y media de la mañana, demasiado tarde para mí. Es decir, demasiado tarde este domingo.
En un domingo normal podría plantarme buena parte de la mañana frente al televisor para ver el final del Giro en el centro de Roma. Pero este no es un domingo normal, sino uno de defensa de la dignidad nacional.
La cita es a las 10:00 AM en el Monumento a la Revolución. La presidenta Claudia Sheinbaum pronunciará un mensaje acerca de los logros de la 4T en el segundo aniversario de su triunfo electoral en 2024. Un mensaje en el que, esta vez, lo verdaderamente relevante no será el balance objetivo de un buen gobierno, sino el llamado a no permitir que prospere el proyecto de poderes extranjeros y grupos conservadores locales dados a la traición, que insisten en que el rumbo de la política mexicana se fije desde Washington y Nueva York.
Así que, para alcanzar buen lugar en la Plaza de la República, cuando la última etapa del Giro inicie me estaré preparando para salir de mi casa.
Lo que sí he hecho ha sido leer a mi amigo Ciro Gómez Leyva, uno de los dos columnistas más enamorados —amor periodístico, que conste— de Felipe Calderón; el otro es Jorge Fernández Menéndez.
Ciro no podía decepcionar: en su escrito de hoy, con la obvia intención de ensuciar el mensaje de la presidenta de México, ha elogiado la borrachera a secas de Calderón —ignoró la borrachera seca de Vicente Fox, por cierto—. Borracheras políticas las dos, que quede claro, pero al fin borracheras.
Partamos de definiciones
La borrachera seca es un síndrome de la psicología de las adicciones. Describe el estado de alguien que ha suspendido por completo el consumo de alcohol (abstinencia), pero que mantiene intactos los rasgos de conducta y desajustes emocionales de su etapa activa. Puede describirse como la resaca emocional que no cede porque el enfermo no ha recibido suficiente terapia, por ejemplo, en grupos de Alcohólicos Anónimos. Es el caso del senil Fox, que salió de las catacumbas para apoyar a la entreguista gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.
La borrachera a secas se refiere al estado de intoxicación activa y vigente, ya que no existe ni la menor intención de enmienda. Es el caso de Calderón, quien demostró, en el mismo acto de apoyo a la chihuahuense, que sigue en la gran peda política que caracterizó a su gobierno. Él no ha logrado dejar atrás sus viejos vicios: continúa hablando y actuando bajo los efectos de un empecinamiento ideológico que ya es fanatismo muy grave.
La de Calderón es la conducta de quien, lejos de asumir los efectos de la cruda de sus errores históricos, continúa impulsando la confrontación interna y el servilismo respecto de lo extranjero —lo financia la ultraderecha española, la de José María Aznar, el mismo que está detrás de los excesos de otra enferma de fanatismo extremo, Isabel Díaz Ayuso, quien vino a México a provocar a la presidenta Sheinbaum—.
Por cierto, ya muy agravada la sumisión calderonista hacia lo foráneo porque ahora evidentemente apoya las acciones de Maru Campos a favor de que la CIA intervenga en México.
El borracho seco Fox y el borracho a secas Calderón encabezaron las dos presidencias más lamentables en la historia de México. Su reaparición conjunta en Chihuahua, como líderes de la traición de estos tiempos, debe llevarnos a recordar lo que hicieron en sus sexenios de derroche, violencia institucionalizada y subordinación al exterior.
La borrachera seca del senil Fox exhibe los síntomas más tristes de la también llamada sobriedad seca: resentimiento, incontinencia verbal y una profunda desconexión con la realidad. Su lucidez política, que nunca fue completa —nació con un cable desconectado— se extinguió hace bastantes años, pero la memoria del daño que hizo sigue presente.
La borrachera a secas de Calderón sintetiza la intoxicación ideológica de las clases conservadoras mexicanas, que actúan en la oposición y en los medios. Este personaje, en su estado de embriaguez que no abandona, sufre un síndrome de evasión permanente. La suya es una brutal peda de revancha contra la 4T. Su aspecto físico, visiblemente desgastado —nunca fue un adonis atlético, pero ahora se ve sumamente jodido—, refleja los efectos de demasiado vivir en el alcoholismo político, lo que le lleva a no ser capaz de un elemental gesto de autocrítica, ya que se niega a asumir la responsabilidad histórica de sus actos.
La memoria del despilfarro y la sangre
El gran derroche petrolero: El sexenio de Vicente Fox gozó de los precios internacionales del crudo más altos de la historia moderna, lo que generó excedentes multimillonarios que se diluyeron sin traducirse en infraestructura estratégica o desarrollo social. Se perdieron en el hoyo negro de la burocracia, las transferencias sin control a los gobernadores y, sobre todo, en la corrupción.
La guerra absurda: Felipe Calderón inició una estrategia armada contra el narcotráfico que sumergió al país en una espiral de violencia que aún no concluye. La operó su mano derecha, Genaro García Luna, juzgado en EEUU por actuar como empleado del cártel de Sinaloa. Fue el resultado de intentar, de esa manera, que se olvidara el fraude electoral de 2006.
El escenario de Chihuahua y la tentación de la entrega
La aparición de ambos expresidentes en apoyo a la gobernadora de Chihuahua solo puede interpretarse como la abierta claudicación soberana de la derecha de México.
El ferviente deseo de Fox y Calderón por la intervención de Washington en la política mexicana —como única fórmula para recuperar los privilegios perdidos frente a Morena— resucita un patrón histórico de los grupos conservadores de nuestro país, que en el siglo XIX cruzaron el Atlántico para traer a Maximiliano.
Piensan Fox y Calderón y el resto de la oposición política y mediática que en EEUU está la única oportunidad de derrotar a Morena. No han podido hacerlo en las urnas, así que pretenden realizarlo materializando al fantasma de la intervención extranjera.
La trampa de la comentocracia y la defensa de la soberanía
Frente a la movilización ciudadana y el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum de este domingo, la comentocracia cumple su papel en la obra de terror de la traición: intentar dividir a la 4T.
A diario leemos textos que elogian a Sheinbaum e insultan a AMLO —el pasado viernes así lo hizo Joaquín López Dóriga en Milenio—. Así lo hace hoy Gómez Leyva en Excélsior, pero este último con una elevada dosis de perversidad periodística: decir que Claudia actúa exactamente como actuó Calderón.
Esa es una ofensa grave. Ni como broma puede compararse a una humanista como la presidenta de México con el criminal que hizo de su fallida guerra contra el narco un verdadero genocidio; tragedia terrible que con, grandes dificultades, en la 4T empezamos a superar.
Por cierto, el éxito actual en gran medida se debe a que el expresidente López Obrador tuvo el valor de desaparecer a la totalmente podrida Policía Federal para crear la Guardia Nacional, que hoy con honestidad y valentía opera bajo las órdenes del secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla.
Nadie en Morena caerá en la trampa mediática de equiparar el buen trabajo en seguridad del gobierno de Sheinbaum con la criminal estrategia de Calderón. Fracasarán, otra vez, el borracho seco Fox y el borracho a secas Calderón, y con ellos la prensa que los ovaciona.



