Desde hace muchos años esta problemática ha tenido girando en un tacón a los tripulantes de cabina; conforme más avanza el tiempo, se ha ido contando con mayor evidencia, y ahora con la certeza que arrojan estudios serios, sobre la afectación que sufren los tripulantes de cabina por la radiación solar.
Como comentaba, desde que empecé mi vida laboral como sobrecargo, a finales del siglo pasado, ya se hablaba del problema con la radiación solar, y su relación con algunos tipos de cáncer, pero en ese momento no se contaba con los estudios necesarios que confirmaran lo que ya muchos sospechábamos: lo expuestos que están los trabajadores aeronáuticos a desarrollar distintos tipos de cáncer por la radiación.
No podemos dejar a un lado que, todos los días tanto pilotos como sobrecargos, trabajan en cabinas de aviones presurizadas artificialmente, a altitudes de crucero que van desde los 33 mil pies hasta más de los 40 mil en algunas ocasiones, dependiendo la ruta.
En junio de este año, compartí con mis compañeros de la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) el comunicado que la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés), acerca de un informe realizado por la National Academy of Sciences, Engineering, and Medicine (NASEM, por sus siglas en inglés), donde la organización (constituida por el Congreso, y que funciona como la academia científica nacional colectiva de los Estados Unidos) exhorta a la FAA a “revisar el enfoque que actualmente tiene con respecto al tema de la exposición a la radiación que reciben los tripulantes de cabina… ya que los actuales acercamientos a este problema son insuficientes”.
Posteriormente, una investigación publicada en JAMA Internal Medicine, revista mensual de la Asociación Médica Estadounidense, reveló que a las profesiones que más afecta la radiación, no son ni médicos y mucho menos trabajadores de plantas nucleares, sino pilotos y sobrecargos.
Imaginen el grado de afectación, que el gremio que se lleva el primer lugar en defunciones por cáncer -asociados a la radiación- fueron los tripulantes de cabina, y el segundo puesto lo ocupan los pilotos, de acuerdo con los resultados de un estudio elaborado en los Estados Unidos entre 2020 y 2024.
Este artículo fue publicado en la revista Time, y fue un estudio encabezado por la Harvad Medical School a cargo del investigador en salud y médico cirujano Vishal Patel, y cito textual: “Es importante destacar que el estudio no afirma que su próximo vuelo, ni siquiera volar durante toda una vida para las vacaciones anuales, aumente significativamente su riesgo de cáncer. La señal que detectamos refleja, en general, toda una carrera dedicada a volar”.
Estas son buenas noticias para los viajeros frecuentes, que a veces creen que vuelan más que el personal aeronáutico de una línea aérea. No es así, y el dato que arroja la investigación científica es que los sobrecargos y pilotos “…acumulan entre 3 y 6 milisieverts de radiación cósmica al año”.
El estudio se realizó en 14 mil pilotos y 7 mil tripulantes de cabina norteamericanos, y los resultados fueron que ambos gremios presentaban tasas de mortalidad más altas de los siguientes tipos de cáncer: de mama, de próstata, del sistema nervioso central y de melanoma. Y en el caso de los pilotos, a ellos hay que sumarles un cáncer más: la leucemia.
Además de la radiación ionizante cósmica, a las tripulaciones en su conjunto les afecta la luz ultravioleta que se filtra por las ventanas de las aeronaves, en especial en la cabina de pilotos, y a eso hay que sumarle un punto importantísimo, que terminan pasando factura las afectaciónes al alterar de forma constantemente sus ciclos circadianos por la naturaleza del trabajo, más los inevitables cambios de husos horarios.
Y la investigación termina poniendo sobre la mesa que, aunque la FAA reconoce que los tripulantes de cabina están expuestos a las radiaciones, por parte de la autoridad federal de aviación no hay límites para volar y exponerse, ni tampoco llevan a cabo un monitoreo de este personal; de nueva cuenta, cito textual: “Estos hallazgos respaldan considerar protecciones ocupacionales frente a la radiación para los miembros de las tripulaciones aéreas acordes con su nivel de exposición”, de acuerdo con la entrevista publicada en la revista Time.
Si quieren conocer más a fondo el tema, pueden encontrar información valiosa en la revista médica PubMedCentral, en la página del National Institutes of Health (NIH, por sus siglas en inglés) bajo un estudio de JAMA Oncología, “¿Por qué los pilotos y las tripulaciones de vuelo de las aerolíneas tienen una mayor incidencia de melanoma?”.
Finalmente, pero no por ello menos importante, apenas la semana pasada un tribunal en Francia determinó que los tripulantes de cabina sufren cáncer de mama por la radiación que reciben a bordo de las aeronaves en las que trabajan.
Gracias a que la sobrecargo de Air France, de 59 años de edad, Sophie Lainault, solicitó que se reconociera que el cáncer de mama que desarrolló, era una “enfermedad profesional”, por las condiciones a las que estuvo sometida mientras prestó sus servicios a la aerolínea.
Su promedio laboral fue de más de 12 mil 600 horas de vuelo. Gracias a esta sentencia, un tribunal de Bayona determinó la relación que existe del cáncer que esta sobrecargo desarrolló por la radiación cósmica. Ahora ella podrá jubilarse de forma anticipada, y lo más importante es que cualquier tratamiento que necesite posterior a su jubilación, será reembolsado por el sistema de sanidad francés, de forma completamente íntegra.
Con esta sentencia se sienta un valiosísimo precedente para los futuros tripulantes de cabina, allanándoles con ello el camino. Ahora, en México este caso tristemente no ha sido estudiado de forma suficiente, alguna mención de vez en cuando, pero no hay absolutamente nada serio.
Y puedo decirles que a lo largo de los años he perdido a muchos compañeros por cáncer. Por ahora, sin evidencia suficiente no se reconoce como una enfermedad profesional. No sé cuántas muertes más tendremos que esperar para que se pongan las pilas, los sindicatos, las autoridades laborales del país, las aeronáuticas. Este es un tema muy serio y preocupante.
De manera personal quiero decir que cuando yo tenía 27 años de edad, perdí a mi madre por cáncer cérvico-uterino. Que la misma enfermedad me arrebató a mis abuelas, una por cáncer de pulmón, otra por cáncer de páncreas; y que una prima hermana falleció a causa del cáncer de mama, cuando tenía 50 años de edad. Las probabilidades son eso, un proceso aleatorio, la razón entre el número de casos favorables y el número de casos posibles. Pero esa es una de las razones por las que no quise volver a volar, por la predisposición a desarrollar cáncer; mejor reducir los factores de riesgo.
Hoy por hoy no podemos hacer como si nos hablara la Virgen y voltear para otro lado. Ya no es un rumor, ni aquella sospecha que, como tripulantes de cabina, abordábamos en los aviones, comentando entre nosotros, que si a fulanito o zutanito les dio cáncer “de pronto”. Es una realidad que no se puede ignorar y al contrario, es momento en se sumen que todos los interesados en ayudar a la industria aeronáutica en este país.
Urge modificar el Capítulo a Tripulaciones en la Ley Federal del Trabajo, no solo porque las mujeres piloto no están contempladas dentro de este; no solamente porque la última vez que se reformó fue en 1970 cuando Gustavo Díaz Ordaz era presidente de México. Han pasado más de 56 años, y la forma de trabajar dentro de la aviación ya cambió, por ende las condiciones laborales de los tripulantes.
Mi llamado lleva dedicatoria a esos legisladores que se la pasan luchando contra molinos de viento: o sea contra la “sobre venta”, que es legal a nivel mundial dentro de la industria aérea. A ellos les pido que se dejen “de pavadas”, como dirían los argentinos, y mejor enfoquen sus baterías en este tema, que sí es urgente para los actuales trabajadores aeronáuticos del país.
Los rayos ultravioleta B (UVB) son los más dañinos y peligrosos para la salud humana, y su intensidad actual supera a la de décadas pasadas debido al deterioro ambiental. Tenemos que ver de qué forma se integran como enfermedad profesional los distintos tipos de cáncer relacionados con la radiación. Porque ya vamos tarde, muy tarde.





