Empiezo aclarando: si no hubiera entrado de lleno en la vida sindical, y si la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) no fuera todavía mí sindicato, hoy no estaría tan molesta e indignada como lo estoy.
Y es que sé que el día de ayer jueves, en un podcast apareció mi actual secretaria general, Ada Hermelinda Salazar Loza, quien durante su gestión se ha distinguido por ejercer violencia de género contra las compañeras que desgraciadamente han sufrido abuso sexual, llegando incluso a revictimizarlas.
Mención aparte merecen los casos de las compañeras de Aeromar a las que les impidió entrar a volar en Aeroméxico cuando la aerolínea cesó operaciones; ¿la razón?, simple y sencillamente que las compañeras no fueron capaces de detener el paso del tiempo, y siguieron cumpliendo años. El absurdo argumento de la secretaria general de ASSA fue que “no le iba a pedir favores a la empresa”, y no conforme con eso, les dijo que “pusieran un puesto de garnachas o aprendieran a poner uñas”.
Y no, no estoy exagerando; cuento con el testimonio de una compañera sobrecargo, con sus papeles vigentes y en perfecta regla (licencia de sobrecargo, examen de aptitud psicofísico, ICAO, pasaporte y visa) a la que le hizo la propuesta de que “tal vez” podría darle chamba de “chófer” de una de las camionetas del sindicato.
Eso sí, ahora resulta que si tienes algún adeudo en el sindicato -por ejemplo en el pago del seguro de vida-, sin ningún fundamento legal o contractual, les impiden ejercer un derecho que tienen en el contrato colectivo de trabajo firmado con Aeroméxico: “recomendar” a un familiar para ser contratado.
Y es que debo aclarar y hacer del conocimiento de mi público lector que todos los sobrecargos que entraron a trabajar en Aerovías de México, S.A. de C.V. (Aeroméxico) a partir de septiembre del 2014 lo hicieron bajo las cláusulas de un contrato colectivo de trabajo diferente, al que eufemísticamente le llaman “Anexo” o “Contrato B”, cuya característica principal es que perciben un 60% menos de salario que los que laboran con el “Contrato A”.
En estas condiciones, es obvio que no les alcanza para cubrir con gastos como las cuotas sindicales, o el pago del seguro de vida, por lo que las deudas con ASSA son de lo más común. Paradójicamente el sindicato se ha vuelto una nueva versión de las “tiendas de raya”.
Y lamentablemente han ido más allá, cercenando los derechos que se lograron durante décadas. Si tienes adeudos tampoco puedes solicitar una beca para estudiar.
Como agremiado terminas pagando los platos rotos de un inmenso desfalco que el anterior secretario general realizó a la caja de ahorro y préstamos del sindicato. Esto es, la actual secretaria general no hizo absolutamente nada para recuperar el dinero que se llevó su antecesor.
¿Cuál fue su acción?, “cobrarse a lo chino”, como se dice popularmente, pues para evitar que quebrase la caja, sin nuestro consentimiento tomaron el dinero del ahorro que teníamos muchos agremiados.
Nuestro propio sindicato culpó a los sobrecargos de la antigua Mexicana de Aviación de ser los responsables de quebrar la caja. En su lógica el desfalco se produjo con la bajada de vuelo de nuestra empresa, pero eso es completamente falso. Sin embargo, es un discurso que inescrupulosamente le sirve para seguir generando división entre el gremio de sobrecargos.
Y puedo añadir la falta de información sobre el tema de la base de mantenimiento MRO de Mexicana. Ella se comprometió a dar informes claros, transparentes y precisos cada tres meses, pero se ha hecho como el “tío Lolo”.
Lo dije al principio y lo reafirmo, me enfada que le den voz a una mujer que llegó a ese puesto por el voto de los agremiados, pero que no se hace responsable de sus obligaciones, con total indolencia e impunidad.
Recientemente, con base en los estatutos de mi sindicato, hice por escrito una consignación a la secretaria general ante la Comisión de Vigilancia y el Tribunal de Honor y Justicia de ASSA, por el incumplimiento de sus obligaciones estatutarias, al decidir “hacerse a un lado” en las negociaciones de la revisión salarial de los sobrecargos con Aeroméxico, y delegar su obligación sobre los hombros de la nueva secretaria de conflictos.
Para eludir sus obligaciones utilizó una sarta de falacias, como que “nunca antes en la historia de ASSA un Secretario General había negociado directamente con una empresa”. ¡No, bueno!, desde que entré al sindicato (1998) me tocó ver a Alejandra Barrales -como secretaria general de ASSA- negociar directamente con Fernando Flores, entonces director de Mexicana, así como con Gerardo de Prevoisin, director de Aeroméxico.
Y también vi a los sucesores de Barrales hacer esas negociaciones. Arturo Aragón, y después Francisco Villarreal, lo hicieron sin amilanarse. Nadie me lo cuenta, yo entré como representante en el último año de la representación de Villarreal, y me tocó de lleno la gestión de Lizette Clavel; todos ellos negociaron directamente con las empresas con las que ASSA tenía la detentación de los contratos colectivos de trabajo. Hoy solamente detentan el contrato con una empresa: Aeroméxico.
Lo hasta aquí narrado hace un enorme pastel. Falta ponerle la cereza, y la actual secretaria general ha decidido ponerla: un fraude. Resulta que con fecha 24 de marzo, le hacen llegar al secretario de relaciones, David Fernando Nava Valencia, un escrito en los siguientes términos:
“Con motivo de la celebración del 65 aniversario de ASSA de México, por este conducto hago de su conocimiento que en coordinación con la Secretaria General, Secretario Tesorero y Comisión de Hacienda se acordó tomar del presupuesto asignado a la Secretaría de Relaciones (correspondiente al primer semestre del 2025) del rubro “Reconocimientos, distintivos y varios”, la cantidad de $89,320.00 (ochenta y nueve mil trescientos veinte pesos 00/100 M.N.)
Lo anterior para cubrir el pago por concepto de elaboración de placa conmemorativa, así como reconocimientos que serán entregados a ex Representantes Sindicales que coadyuvaron a la edificación de la actual sede sindical…”

Insisto, si yo no hubiese sido representante sindical, y fuera un sobrecargo de a pie, esta información no me generaría indignación. Pero como sí lo fui tengo que decirlo con todas sus letras: es un fraude tomar dinero del presupuesto del secretario de relaciones, sin que haya mediado una junta de comité, o mínimo haberlo mencionado en la asamblea de presupuesto, en la que debió tomarse el acuerdo correspondiente.
Sin que esté sujeto a interpretación, lo que están cometiendo tanto Ada Salazar como Jorge Kellog (secretario tesorero), junto con los integrantes de la actual Comisión de Hacienda se llama fraude.
Lo sé porque cada vez que se tenían que elaborar pines, distintivos o cualquier otra cosa, tenía que tomarse un acuerdo en junta de comité. Además, en caso de una placa conmemorativa, bien que se pudo exponer el tema en la asamblea ordinaria, dentro de los asuntos generales, y tomar el acuerdo correspondiente.
En su momento, agosto de 2009 hubo un intento fallido para destituir a Lizette Clavel como secretaria general de ASSA; ¿saben cuál era el motivo? que tomó del fondo de resistencia la cantidad de 10 mil pesos, mismos que entregó a 10 sobrecargos de Aeroméxico Connect, que habían sido despedidas tras su expulsión del Sindicato de Trabajadores de la Industria Aeronáutica (STIA), porque las “cacharon” en pláticas con ASSA, que estábamos a punto de jalarnos su contrato colectivo de trabajo.
El proceso de destitución de Clavel fue un fiasco, dado el pésimo trabajo que hicieron, tanto la Comisión de Vigilancia, como el Tribunal de Honor y Justicia, entre lo más destacable: meter gente reventadora del sindicato del metro en la asamblea de destitución, y no hacer los procesos apegados al estatuto.
Tiene que quedarle claro a Ada Salazar y a “su gente”. Quienes ostentan un cargo de representación están ahí para servir, no para servirse con la cuchara grande, y menos para cometer fraudes, y pretender impunidad. Así como también los medios de comunicación y quienes laboran en ellos, deben investigar que qué “fichita” van a entrevistar”.