Hace unos días un grupo de egresadas y egresados de la Universidad Iberoamericana, de la carrera de Psicología, cayó al piso de una cierta altura (entre uno a dos metros) durante una toma de fotografía de graduación, donde lamentablemente hubo varias personas heridas. El accidente, en el que se vencieron unas tarimas hechizas, se hizo del conocimiento público puesto que circuló un video, que se hizo “viral”, a través de redes sociales digitales y medios de comunicación.
Algo similar sucedió recientemente en una universidad pública. Me parece que se dio en la Universidad Veracruzana, a reserva de confirmarlo.
¿Quiénes son los responsables de este tipo de situaciones en que se pone en riesgo la integridad de las y los egresados? ¿Cuáles son las razones por las cuales se siguen este tipo de prácticas de graduación con tales descuidos?
En primer lugar, es evidente que los responsables son las empresas contratadas, de buena fe, por las y los estudiantes y sus familias. En el caso que describo, los dueños de tales negocios deberán hacerse cargo de todos los gastos médicos y hospitalarios para quienes resultaron con daños.
En segundo lugar, el asunto de la caída va más allá de un simple accidente. Ello también tiene que ver con las razones que han dado lugar a ese tipo de ceremonias o rituales. Me explico.
En 2023, hice un comentario sobre el tema de las togas y los birretes rentados por empresas, particularmente en eventos de graduación tanto de estudiantes de universidades o instituciones de educación superior públicas como privadas. Comparto, por su vigencia, algunos fragmentos del mismo:
“Hace unos días un grupo de padres y madres de niñas y niños de educación preescolar, que deseaban tomar una foto a sus hijas e hijos con ‘toga y birrete’ junto con sus maestras, dentro de la escuela, amagaron con realizar protestas en la calle, porque la directora del jardín de niños les indicó que esa vestimenta no es oficial y no está autorizada como parte del uniforme reglamentario”. (Ver: “Las togas y los birretes”, SDPnoticias, 31 de mayo, 2023).
La directora tenía la razón: el uso de la toga y el birrete son elementos de una vestimenta que solicitan algunos fotógrafos comerciales para captar la imagen estudiantil durante el tradicional fin de cursos, pero no son prácticas autorizadas ni legitimadas por la escuela. Y si eso se da en algunas escuelas, ello obedece a una variedad de factores y criterios adoptados por las autoridades educativas o escolares”.
“Adicionalmente, en aquella ocasión un argumento en contra de esa vestimenta, de herencia medieval o renacentista, fue el aumento del costo de las fotografías individual y grupal. Por lo tanto, el acuerdo al final consistió en que aquellas familias que desearan usar dicha indumentaria y quisieran posar así para la foto, lo hicieran con libertad, pues estaban en su derecho de hacerlo, pero que sería sin contar con el apoyo institucional de la escuela...”, (léase sin acceso a las empresas de fotos a las instalaciones escolares).
Esto que describo (tomar la foto de fin de cursos) se ha dado, con frecuencia, durante la temporada de festividades de las y los estudiantes que culminan algún nivel o grado educativo (de ahí la idea de “hacer la graduación”). Ya sea en preescolar, primaria, secundaria o bachillerato, no importa el nivel educativo; lo socialmente importante es cerrar con una gran fiesta un ciclo de estudios. Y está bien, si ese es el gusto de cada quien.
Sin embargo, esa práctica (vestirse con togas y birretes rentados para esa ocasión) no es ni ha sido una iniciativa de las escuelas, sino de las empresas que viven de vender los productos y servicios de las graduaciones o que organizan festejos de esa naturaleza (bodas, XV años, bautizos, etcétera). Hay que aceptar, sin embargo, que estos productos y servicios existen porque hay quien los compra o los solicita.
Hay que reconocer que ese tipo de prácticas son comunes en la sociedad actual, y es válido en ciertos contextos, (la toma de foto comercial o que se promueve en el mercado), pero no es una práctica, insisto, sugerida ni impuesta en las escuelas. No al menos de manera oficial.
Históricamente, la escuela es una institución que reivindica una cantidad importante de prácticas conservadoras, y ello puede darnos una parte de la explicación, pero no hay que olvidar que las familias también están involucradas en la reproducción de estas prácticas.
Es un hecho que estudiantes de licenciatura, en diferentes momentos de la historia del egreso de cada generación y en diferentes instituciones de educación superior (como en los casos que se describen al inicio de este comentario), celebran o han celebrado, con apoyo de sus familias, graduaciones al estilo medieval o de la época del renacimiento que resultan ser cuestionables, puesto que lo único que reproducen son prácticas conservadoras desconocidas por su origen, y que son escasamente reflexionadas o analizadas desde la crítica social. Prácticas impuestas por las empresas comerciales, pero que tampoco están avaladas ni legitimadas por las instituciones o las comunidades de la educación superior.
La universidad pública (y eventualmente la privada) no lleva a cabo este tipo de prácticas en sus ceremonias institucionales de cierre de cursos o al término o conclusión oficial de los estudios profesionales de cada generación; tampoco sucede durante la celebración de exámenes profesionales. Es decir, la escuela no pide que las y los graduados vistan con toga y birrete para recibir un documento oficial e institucional. (Aunque, cabe decirlo, en la UNAM, en algunas ceremonias especiales o solemnes, se usan ese tipo de ropas exclusivas). ¿Por qué usar entonces la toga y el birrete durante los fines de cursos si este tipo de acciones forma parte de una práctica extraescolar conservadora y acrítica?
En conclusión, las prácticas de mandar a hacer un anillo de graduación, junto con la toma de la foto, recibir una constancia con toga y birrete, la cena, el baile y la misa son rituales, hábitos, rutinas, costumbres sociales (por iniciativa de las familias y las empresas) que se han desarrollado y consolidado, cierto, pero que no forman parte de las ceremonias oficiales de la escuela pública, y tampoco de muchas escuelas privadas.
Dicho y señalado lo anterior, concluyo y comparto nuevamente una propuesta, tal y como la he dicho a las y los estudiantes del último semestre de los programas académicos de la universidad donde trabajo (Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro): tomémonos una foto con la vestimenta ordinaria (sin togas ni birretes) y con la sencilla actitud con la que convivimos en la vida cotidiana universitaria, aquí, en los jardines de nuestra unidad profesional, en el salón de clases o asesorías, o a un lado de la fuente que está en el área común, pero con escalones de concreto no hechizos ni falsos como los que se ven en el video.
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