La semana pasada, con un auditorio abarrotado de militantes y protagonistas del proceso de transformación, Morena hizo gala y, de paso, celebró sus quince años de vida institucional. Había gritos y algarabía por los festejos que se prolongaron durante toda la tarde. De hecho, los liderazgos más visibles del partido estuvieron al frente de ese enorme recinto para dar la bienvenida y cobijar a los asistentes que, en su inmensa mayoría, son militantes fundadores y protagonistas de este cambio. Hablamos de gobernadores, diputados federales y locales, así como de alcaldes. Incluso, calculábamos que ese escenario podía darse en un proceso de definiciones en el que Morena, a todas luces, busca la unidad para enfrentar uno de los ejercicios democráticos más desafiantes, especialmente ahora que esa dinámica se apodera de todas las estructuras. La propia Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, dos mujeres de todas las confianzas de Sheinbaum, están trabajando a diario para subsanar las heridas que provocaron las designaciones de coordinadores. Una de las muestras más recientes, que no se puede ignorar, es la fractura latente que existe en Nuevo León.

Muchos de los testimonios, precisamente de ese proceso interno, dan cuenta de la situación que se vive en el estado del norte del país. A nuestro juicio, por ejemplo, debe prevalecer el buen oficio político para cicatrizar las heridas. Trabajar en ello es una labor constante que hemos vivido en los últimos años, básicamente por lo reñido de los ejercicios internos que derivan de una encuesta que, para muchos, es el mejor mecanismo para destrabar cualquier escenario competido. Ante los abundantes cuestionamientos, me parece que ese recurso es, por mucho, la forma más correcta de tomar decisiones, siempre y cuando se aplique el criterio con precisión, máxime si se elabora con preguntas que midan distintas percepciones. Considerando que se han aplicado muchos criterios, podemos decir que los resultados finales que divulgó el CEN se han legitimado al ser canalizados por las propias bases de la expresión.

Con ello, efectivamente, tenemos elementos para presagiar lo que pasará en las elecciones intermedias de 2027. Al frente de esa batalla, ahora que los años han dado solidez a un movimiento social que nació ante la inconformidad con las viejas prácticas del PRIAN, Morena tiene el enorme desafío de reivindicar el compromiso social que, en la intemperie, vimos cobrar vida orgánica desde los inicios de Andrés Manuel López Obrador. Con esa maquinaria, ahora que vimos desfilar a los protagonistas —o, de plano, los soldados de la izquierda que habrán de cargar con la encomienda de ganar—, observamos que el nivel está muy por encima de los posibles rivales que podrá poner sobre la mesa el PRIAN. Desde la parte oficial, hablamos de la izquierda; ratificamos que los coordinadores llevan consigo una conjugación de experiencia, oficio y sagacidad. Ya con el timón en las manos —conscientes de la responsabilidad que cargan—, vimos que esos referentes han capitalizado ese respaldo con grandes promotores de la transformación.

Hablando de grandes impulsores —los vimos desfilar en primera fila—, todos los coordinadores estatales también se dieron cita en el marco de la conmemoración de los quince años de Morena. Eso, desde luego, captó los reflectores de la prensa y de los asistentes. Por la magnitud, influirá en el sentido de las decisiones que tome el grueso de la población. Lo dicen las encuestas y el entorno propicio que se ha generado. Incluso, resultó bastante mediático ver posar en la fotografía a Julieta Ramírez, Santiago Nieto, Cruz Pérez, Ana Lilia Rivera, Pablo Gutiérrez, Beatriz Mojica, Gino Segura, Lorenia Valles e Imelda Castro. Ellos y ellas, a partir de su designación, han causado revuelo luego de entablar contacto directo con la simpatía de la 4T y la población en general. Sobra decir, ahora que la oposición está sumergida en la degradación, que cada uno ganará la elección en sus respectivos enclaves. Convencernos de ello, pensando en un futuro cercano, es una realidad inminente que, por supuesto, está focalizada en hechos palpables.

Eso, indudablemente, es uno de los grandes desafíos que se ha trazado Morena para los próximos procesos. Incluso, cada uno de los protagonistas está haciendo su labor. Dicho de otro modo, los gobernadores también fungen como uno de los grandes pilares del movimiento de transformación. Al ser miembros activos —con una ciudadanía exigente ante las necesidades que demanda—, tienen la enorme responsabilidad de estar a la altura de esa declaración de principios que juraron izar en su mandato. Nos referimos no solo a la cercanía, sino también a ofrecer un servicio institucional integral que se traduzca en verdaderas acciones. Esa fuerza creciente de trabajo, siendo eficaz, es la carta de presentación de quienes han dado vida orgánica a la Cuarta Transformación a lo largo de estos quince años, bajo la tutela de Claudia Sheinbaum y su estructura de trabajo sólida.

Notas finales

Los medios de comunicación, que se encargan de difundir las noticias más trascendentales, hicieron referencia a la encuesta mensual de alcaldes a nivel nacional. Uno de esos personajes de la Cuarta Transformación, evidentemente, fue el presidente municipal de Pátzcuaro, uno de los puntos más atractivos de México por su potencial turístico y su riqueza histórica. En algún momento, recuerdo, esa región fue considerada por la revista Forbes como uno de los puntos más acogedores. Hablamos de Julio Arreola y el cumplimiento irrestricto de su mandato popular.