En pleno debate sobre la reforma electoral impulsada por Morena y el gobierno federal se revelan los entretelones de la lucha por el control del poder político en México. Más allá de la narrativa democrática reaparece una vieja estrategia: la de construir estructuras paralelas incluso dentro del movimiento gobernante para garantizar la continuidad del proyecto.
El olfato político despierta cuando la alianza pragmática de expriistas y expanistas incrustados en Morena, junto con el PVEM y el PT, empieza a mostrar fisuras de cara a las elecciones de 2027.
La historia no es nueva
Carlos Salinas recurrió a esta fórmula tras el sismo político de 1988. Cuando Cuauhtémoc Cárdenas dio origen al PRD con el PMS, y arrebatando al PRI sus partidos satélite tradicionales (PARM y PPS), el salinismo impulsó la creación de nuevas fuerzas funcionales a su proyecto dando origen al PVEM, con el apoyo de Raúl Salinas y Manuel Camacho, y al PT, a través de Alberto Anaya. Tres décadas después, esas mismas estructuras, ahora aliadas a Morena, exigen al obradorismo cuotas de poder cada vez mayores, más grandes de las que están dispuestos a conceder.
Que Siga la Democracia (QSD)
En ese contexto surge una agrupación que aspira a convertirse en partido político y, aunque se presenta como un movimiento ciudadano, su origen, composición y objetivos sugieren algo distinto: ser una extensión del aparato político de la Cuarta Transformación bajo una nueva etiqueta.
QSD nació en 2021 como asociación civil para promover la consulta de revocación de mandato, un ejercicio que la ley electoral prohíbe a los partidos políticos. Para sortear esa restricción, la recolección de firmas se canalizó a través de esta organización. Aunque la agrupación aseguró haber reunido más de ocho millones de apoyos, el INE detectó que miles de firmas correspondían a personas fallecidas, lo que derivó en sanciones e investigaciones por posibles delitos electorales.
Es decir, la base de QSD no surge de un movimiento ciudadano autónomo, sino de un experimento político estrechamente ligado a la maquinaria movilizadora de la 4T que mantiene carga simbólica y control por parte de la elite dominante desde Palenque.
Quiénes son
En 2023, QSD obtuvo su registro como agrupación política nacional y en 2024 respaldó la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum. Hasta enero de este año había realizado 120 de las 200 asambleas distritales requeridas y reportado 84 mil afiliaciones, una tercera parte de las necesarias para convertirse en partido y, pese a sus antecedentes irregulares, todo apunta a que el INE validará el proceso.
Su fundadora, Gabriela Jiménez Godoy, fue diputada federal y vicecoordinadora de la bancada de Morena, políticamente está vinculada a Andrés Manuel López Beltrán. Su esposo, Édgar Francisco Garza Ancira, fungió como representante legal de QSD y renunció a su militancia en Morena luego de ser cuestionado por promover un proyecto alterno dentro del propio partido.
Sus dirigentes son cuadros formados y promovidos desde Morena, lo cual apunta a una estrategia deliberada de construcción de estructuras paralelas para fines específicos como ampliar el margen de maniobra electoral y disciplinar a aliados incómodos. Así, la pregunta es inevitable: ¿QSD es un nuevo partido o un satélite más de Morena?. Todo indica lo segundo.
Sus acciones pasadas y sus objetivos futuros, participar en las elecciones de 2027 y 2030, están alineados con la continuidad del proyecto de la 4T.
Su discurso oscila entre reivindicar los “ideales obradoristas” y presentarse como algo distinto: una ambigüedad que funciona para fragmentar, absorber o debilitar a fuerzas como el PT y el PVEM que exigen su pago a cambio del apoyo que otorgaron para que AMLO llegara al poder.
Destaca también la figura de López Beltrán, quien, sin estar formalmente vinculado a QSD, juega un papel clave en la recomposición interna de Morena, revelando que, ante la falta de respaldo pleno de los grupos provenientes del PRI y PAN y de sus aliados, surge la necesidad de construir una base política propia.
La misma lógica del salinismo de crear partidos a modo para asegurar la herencia del poder; o la que implementó AMLO después de perder en dos ocasiones la elección presidencial y el control del PRD: conformar un nuevo instituto político y vender los espacios a lo peor de la política con tal de alcanzar su objetivo.
¿Nace otro satélite?
La duda no es si se está creando otro partido satélite, sino si esta tercera reedición de la estrategia alcanzará para consolidar una nueva dinastía política bajo la careta de “democracia ciudadana”.
Que Siga la Democracia es el sistema operando como siempre. Cuando el poder se siente amenazado, no se abre; se multiplica. No dialoga: se clona. Levanta otra estructura funcional, diseñada para dividir aliados, disciplinar disidencias y garantizar la sucesión del poder.
La historia política mexicana demuestra que los partidos satélite no nacen para representar, sino para administrar. Y si algo queda claro es que, detrás del discurso democrático, lo que se juega no es la pluralidad, sino la continuidad de una dinastía. Porque en México, cuando el poder invoca a la “democracia”, casi siempre lo que quiere decir es “control”.
X: @diaz_manuel





