El triunfo en la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil dejó varios aprendizajes para ese país, la región (LATAM), el mundo y la misma democracia, puesto que no solo estaba en juego la elección de un mandatario, sino el destino político de Latinoamérica, que se encuentra amenazada por las garras imperialistas de la Doctrina Donroe, que no ha dado tregua a ninguna nación que se asuma como progresista o que simplemente no se encuentre alineada a sus planes extractivistas, y la tierra de la samba se convertiría en su joya de la corona si no se hubiera puesto en medio Luiz Inácio Lula da Silva.
Pero más allá de la victoria, que simbólicamente representa bastante para la(s) izquierda(s) en un mundo que cada vez se acerca más peligrosamente a la ultraderecha – fascista, hoy Brasil nos pone sobre la mesa varias cuestiones que se deben atender de manera urgente por los países que quieren sobrevivir a la llamada: ola naranja del trumpismo, ya que, como dice el refrán: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar…
Ningún país está exento de ser arrollado por toda la maquinaria que acompaña al injerencismo yanqui; es más, ni sus propios aliados lo están, cuantimás aquellos que han osado rebelarse al Tío Sam o simplemente se han defendido de sus embestidas, pero en ese sentido, ¿qué camino les queda a aquellas naciones del sur global? Solo una vía, la de la dignidad por medio de la lucha y la defensa de su soberanía; el pueblo cubano ha sobrevivido por más de 50 años y no han podido los gringos doblar el orgullo de quien no se sabe arrodillar, y eso que Fidel Castro y los gobernantes cubanos han dejado mucho que desear.
Pero un gran mal que aqueja a los diferentes gobiernos de izquierda y en especial a los de LATAM es su dependencia de líderes carismáticos que no promueven sucesores dignos al legado o con la suficiente capacidad para enfrentar las circunstancias que atraviesa su nación, y esto les convierte en las y los eternos candidatos o con herederas o herederos mediocres que no pueden cargar con el peso de la elección; por ende, se convierten en un flanco fácil, ya que se encuentran expuestas y expuestas al desgaste propio del ejercicio del poder o víctimas de su propio éxito sin posibilidad de que nadie les emule para relevarles. En ese orden de ideas, Lula se encuentra en esa encrucijada: ¿quién le va o le puede reemplazar?
Brasil y las izquierdas progresistas no pueden ni deben depender de Lula; en esta ocasión, a pesar de que en la segunda vuelta fue aplastante su victoria por más de 4,000,000 millones de votos de diferencia, la verdad es que estuvieron muy cerca de no lograr los resultados. La presión internacional y un cambio inteligente en la estrategia de comunicación y movilización lograron vencer a Meta, la OTAN, el bloqueo comercial, aranceles extraordinarios e injerencismo electoral por medio del financiamiento a Bolsonaro, así como de otras artimañas de Marco Rubio para obtener su cometido. No sabemos si la Tierra de Palmeras podrá defender otro embate como el que sufrió; por eso, lo que le toca a Lula es preparar a su sucesora o sucesor, antes de que el Tío Trump lo haga por ellos. ¡Nos leemos pronto!
