Julián Mazoy, de SDPNoticias, preguntó a Claudia Sheinbaum acerca de cierta bobería de un empleado de Felipe Calderón llamado Javier Lozano.
La presidenta respondió a Mazoy con un compromiso: dar a conocer en una próxima mañanera la peculiar relación de don Javier con Zhenli Ye Gon —“coopelas o cuello”—, a quien se le decomisaron 20 toneladas de pseudoefedrina y muchísimo dinero en efectivo: 205 millones de dólares, 17 millones de pesos, 200 mil euros, 113 mil dólares de Hong Kong, 11 centenarios y 20 mil dólares en cheques de viajero.
La presidenta Sheinbaum decidió ir más allá del “coopelas o cuello” en su respuesta al reportero de SDPNoticias: “Aprovecho, a los compañeros de los medios alternativos: No se preocupen tanto por lo que dice Riva Palacio. ¿Quién es Riva Palacio? ¿Quién lo lee? A ustedes los ven más que a este personaje… (Riva Palacio) fue de Notimex, ¿no?, con Salinas. Y después de eso, a lo que se dedica es a golpear, a construir historias ficticias”.
Precisamente por eso, por sus historias ficticias, yo sí leo a Raymundo Riva Palacio. Apasionado lector de ciencia ficción durante una época de mi vida, no me costó trabajo encariñarme con los textos de periodismo fantasioso, género literario que Raymundo domina como nadie.
Riva Palacio es un maestro en el arte de encontrar tres fuentes; arte perfeccionado ya en la antigua Grecia por legendarios personajes del periodismo como Edipo rey. Que conste, se necesitan tres fuentes únicamente: ni una menos ni una más. Porque bien sabía el esposo e hijo de Yocasta que con solo tres fuentes —cualesquiera tres fuentes, no importa su sexo, estado civil, ocupación o si son sólidas, líquidas o gaseosas, o espirituales—, con tres fuentes un periodista ingenioso demuestra la veracidad de cualquier cosa que se le ocurra. Y esto lo hace Riva Palacio mejor que nadie. Por eso cada mañana, de lunes a viernes, con morbo busco sus columnas.
Las revelaciones de Raymundo son ciento por ciento verdaderas porque, invariablemente, tiene tres fuentes: normalmente son (i) su compadre, (ii) su vecino y (iii) su chef pastelero favorito; o bien, (i) el empresario al que saluda en los juegos de los Pumas, (ii) el bolero que trabaja al lado del hotel Presidente en la colonia Polanco de la CDMX y (iii) el abogado que pasa por la acera de enfrente.
Las fuentes del periodismo ficción de RRP no tienen que ser humanas: pueden ser de piedra, cantera, concreto y agua: en la Ciudad de México las mejor informadas son la fuente de la Diana Cazadora, la del Paraguas del Museo Nacional de Antropología, la de Petróleos y la del Monumento a la Revolución.
En otras ciudades también hay fuentes con información confidencial: la del Neptuno de la Macroplaza y la de Cri Cri de la Alameda, en Monterrey; la Fuente de la Hermana Agua y la de los Niños Miones, en Guadalajara; la Fuente de las Ranas, en Saltillo, y la Fuente de las Tarascas, en Morelia.
Precisamente las fuentes mencionadas son las que nutren de información absolutamente verificada al señor Riva Palacio, admirable gran maestro de la fabulación.