Leo en el semanario alemán Die Zeit que su redacción ha “recopilado los registros de miembros del NSDAP (Partido Nazi). Nuestra herramienta le permite consultar millones de documentos. Busque por su apellido”. Lo mismo hizo otra publicación semanal de Alemania, Der Spiegel. Cito la explicación que ofrece uno de tales medios:

√ “¿Su padre, abuela o bisabuelo fueron miembros del Partido Nazi? Hasta hace poco, esto solo podía determinarse contactando con los Archivos Federales Alemanes o consultando el sitio web de los Archivos Nacionales de EEUU, que puso a disposición en línea sus copias en microfilm de los registros de afiliación al Partido Nazi. Sin embargo, rara vez se encontraban allí nombres individuales y el sitio web colapsó repetidamente debido al aumento del tráfico provocado por el anuncio de la publicación”.

√ “Por ello, Die Zeit Der Spiegel hizo lo mismo— obtuvo el conjunto completo de datos, lo procesó exhaustivamente por primera vez y lo analizó estadísticamente”.

“Inicialmente, pudimos hacer consultables de manera directa aproximadamente 4.5 millones de fichas de la era nazi. Tras una actualización, pueden buscarse otros 8.2 millones de documentos por nombre y lugar de nacimiento”.

√ “Los registros de afiliación están divididos en dos colecciones. Nuestro buscador dirige a las tarjetas de membresía individuales tanto en la base de datos central como en la regional. Dado que muchos miembros aparecen en ambas bases, es posible que existan varias tarjetas para una misma persona. Para identificar con precisión a los individuos, se requiere la fecha y el lugar exactos de nacimiento de sus antepasados”.

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Pregunté a la IA sobre las diferencias entre ambos semanarios alemanes que, por supuesto, pocas veces consulto —auxiliado invariablemente por el traductor de Google—:

Der Spiegel y Die Zeit comparten un espacio general de liberalismo democrático europeo y suelen ubicarse en la centroizquierda cultural alemana, pero con diferencias importantes de tono e identidad intelectual”.

√ “Der Spiegel: más combativo, agresivo y orientado al escándalo político. Posee una fuerte tradición de periodismo de investigación y denuncia. Su estilo es popular y masivo, con un tono crítico frente al poder estatal, militar o empresarial. Es culturalmente progresista y cosmopolita. Históricamente, se formó en la posguerra con una identidad marcada por el antifascismo y la vigilancia del poder”.

√ “Die Zeit: más intelectual y reflexivo. Menos orientado al golpe periodístico y más al ensayo, al análisis largo y al debate filosófico. Su público es universitario y académico. Liberal clásico en temas económicos y civiles, posee una reputación de favorecer discusiones complejas y matizadas”.

√ “Si Der Spiegel se parece a una mezcla entre investigación política y revista de impacto, Die Zeit se acerca más a un semanario de alta cultura. Una comparación simplificada situaría a Der Spiegel cerca del espíritu del The New York Times en su faceta investigativa; a Die Zeit, más próximo a The New York Review of Books o a ciertos momentos de Le Monde”.

√ “Ninguno es equivalente a la derecha nacional-conservadora; ambos forman parte del establishment liberal alemán posterior a 1945”.

¿Comparación con medios mexicanos?

√ “Der Spiegel: en México podría compararse con Proceso —el viejo Proceso, no el actual, en crisis desde que Julio Scherer García dejó de dirigirlo— ; comparación válida por su tradición de investigación y denuncia. También tiene algo del tono de choque y la centralidad pública que tuvo La Jornada en sus mejores años”.

√ “Die Zeit: se parece más a Letras Libres por el énfasis ensayístico, y a Nexos por el tono intelectual y académico. También recuerda a algunas secciones culturales que tienen o tuvieron La Jornada, Excélsior, Reforma o El Universal. Pero Die Zeit posee una profundidad que hoy pocos medios mexicanos alcanzan. Hay otra diferencia sustancial: a excepción de La Jornada —que se mantiene en la izquierda sin importar el gobierno en turno— y de Excélsior —que preserva su neutralidad—, Die Zeit no ha derivado hacia alianzas coyunturales con corrientes conservadoras, e incluso de extrema derecha, como reacción a la pérdida de influencia política y económica desde que la 4T llegó al poder en 2018”.

¿Qué busca la sociedad alemana investigando su pasado más vergonzoso?

En lo personal, asombra la naturalidad con la que la sociedad alemana sigue excavando en su pasado nazi, cuando quizá lo más conveniente —tal vez lo más cómodo— sería el olvido.

Claramente, hurgar en la historia nazi de cada familia no es algo que se haga para glorificar aquel periodo, sino para impedir que se caiga en la tentación de repetirlo en el presente.

Alemania entendió que ocultar la memoria solo fortalece a los fanáticos, que siguen siendo numerosos allá —y en México, y en todas partes—. Por eso sus medios abren archivos y los digitalizan para permitir búsquedas familiares rápidas. De lo que se trata, supongo, es de convertir la culpa histórica en un objeto de estudio permanente. Ojalá esa indagación genere una ciudadanía más consciente de lo que ocurre cuando una sociedad normaliza el odio, el racismo y el culto autoritario.

El pasado mexicano

En México recurrimos con frecuencia al recuerdo de dos etapas de la historia: la reciente, la neoliberal que acabó con la victoria electoral de la 4T; y la remota, utilizada en estos días para reafirmar que la mexicanidad reside en la grandeza de nuestros pueblos originarios, al tiempo que se rechazan las atrocidades de la conquista española —más bien, invasión—, encabezada por una figura como Hernán Cortés.

Desde luego, nuestro regreso al pasado no es un ejercicio digitalizado para permitir búsquedas familia por familia. Se trata de un recurso histórico particularmente relevante esta semana por la visita a México de la ultraconservadora gobernante de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien vino a vender la idea, absolutamente inaceptable, de que Cortés fue el constructor de nuestra patria.

Ha hecho lo correcto la presidenta Claudia Sheinbaum al recordar que la madrileña Díaz Ayuso es cercana a Felipe Calderón, quien se robó las elecciones de 2006 y, para intentar que se olvidara tal fraude electoral, sumergió a México en una terrible guerra contra el narco que seguimos sufriendo.

Posdata: Leyendo en La Vanguardia, de Barcelona un artículo de Lola García sobre la visita de Isabel Díaz Ayuso a México, de inmediato me vino a la memoria un libro de Rafael El Fisgón Barajas: La raíz nazi del PAN. El origen del panismo, que tiene como su referente actual a Felipe Calderón, explica su cercanía con la ultraderechista de Madrid, a quien ideológicamente dirige el jefe español de Calderón, José María Aznar, también ubicado en la extrema derecha.