“Toda tiranía descansa, en el fondo, sobre la ignorancia”.

Simone Weil

“Nada revela tanto el carácter de una época como aquello que decide trivializar”.

Hermann Broch

La 4T decidió que la manera más eficiente de enfrentar el caos que viene acompañando al Mundial no es mejorar el transporte y las vialidades, reforzar la seguridad ni contener a la CNTE. No. La gran estrategia nacional consiste en cerrar escuelas.

Brillante. Si no hay alumnos en clases, disminuye el costo político de los bloqueos magisteriales. Einstein tropicalizado en versión guinda.

Se los voy a decir muy claro: el gobierno prefiere lastimar todavía más la educación de millones de niños antes que enfrentar a la Coordinadora durante el evento deportivo más importante que tendrá México en décadas. La educación vuelve a ser la variable sacrificable del régimen. Como siempre... Y luego preguntan por qué México no sale del subdesarrollo.

No se trata de que los menores “disfruten los partidos”. Tampoco de “facilitar la logística”, frase que Mario Delgado repite con la convicción de un adolescente inventando pretextos para no entregar la tarea. De lo que realmente va este disparate es de quitarle capacidad de chantaje a la CNTE durante el Mundial. Sin clases, sin escuelas funcionando y con el calendario hecho pedazos, disminuye el impacto político de plantones, tomas y marchas.

Hace tiempo que la SEP ya no administra educación, sino rehenes. Hoy eso es absolutamente evidente.

Las columnas más leídas de hoy

Y lo más extraordinario es la naturalidad con la que lo dicen. Casi con orgullo. Como si fuera perfectamente normal que un secretario de Educación anuncie que los alumnos perderán semanas enteras de clases para evitarle dolores de cabeza políticos al gobierno. En cualquier democracia funcional un Mundial obliga a mejorar infraestructura; en México obliga a esconder niños en sus casas para que la Coordinadora Nacional no haga berrinche internacional. Tan lejos de Dinamarca y tan cerca del recreo eterno.

En 1986 se suspendían clases únicamente cuando jugaba México (cursaba yo preparatoria, sé de lo que hablo). En 1970 hubo ajustes al calendario, sí, pero tras años de planeación y sin convertir las escuelas en sucursales vacacionales del Estado. Lo de ahora parece una lluvia de ideas organizada por funcionarios que creen que pedagogía significa poner una pantalla gigante en el Zócalo y repartir banderitas.

“Facilitar la logística”, dicen. Solo que los partidos serán en tres ciudades y en fechas perfectamente localizadas. Bastaría modificar horarios o suspender actividades puntuales. Pero no. El gran genio educativo de la 4T quiere optar por la solución más cómoda: mandar a todos a su casa casi un mes antes. Si el sistema educativo ya venía destruido, ¿qué tanto daño pueden hacerle otros 27 días menos? Total, después de la pandemia y de los experimentos pedagógicos del obradorismo, una generación más de niños semianalfabetas ya ni se nota en la estadística.

A este paso, la SEP terminará sustituyendo matemáticas por dinámicas mundialistas: “encuentra el fuera de lugar y aprueba sexto de primaria”. Educación emocional con balón incluido.

Mario Delgado descubrió el hilo negro de la política pública mexicana: si algo genera conflicto, se cancela. Si la CNTE amenaza, se cierran escuelas. Si la violencia crece, se maquillan cifras. Si la economía no despega, se inauguran refinerías que no refinan. Gobernar, en la 4T, consiste básicamente en mover problemas de lugar hasta que alguien más los herede. Y todavía tienen el descaro de llamarlo “transformación”.

La iniciativa, además, cumple otra función: fabricar un escándalo administrable. No en balde, Delgado es discípulo de Ebrard y Ebrard del finado Camacho, genio en provocar incendios para luego hacerla de bombero. Si no me creen, pregúntenle al innombrable (pues a Colosio Murrieta es imposible hacerlo). La genialidad del merequetengue político consiste en eso: no necesita convencer a nadie; basta con ocuparlo todo. Mientras padres, maestros y comentaristas discuten vacaciones, calendarios y futbol, el régimen gana oxígeno frente a Trump, Rubén Rocha Moya, el desastre de seguridad y los expedientes incómodos de escala internacional que flotan alrededor de ciertos personajes del oficialismo (incluido ¡el propio titular de la cartera Educación!). El escándalo perfecto no es el que destruye al gobierno, sino el que monopoliza la conversación mientras el verdadero incendio sigue detrás del telón.

La 4T ha perfeccionado ese método. Cuando no puede resolver una crisis, la sepulta bajo toneladas de ruido. Un día es la reforma judicial, otro los narcocorridos, luego los influencers oficialistas, después algún concierto “gratuito” en la plancha capitalina y ahora el Mundial escolarizado. Pan y circo versión Bienestar. Juvenal estaría fascinado viendo cómo el obradorismo convirtió el presupuesto público en una mezcla de festival musical, mañanera eterna y guardería electoral.

Eso sí: conciertos multitudinarios nunca faltan. Yuri, BTS, Shakira o quien toque esa semana. Educación pública devastada, pero karaoke subsidiado para todos. A este ritmo, la SEP terminará entregando boletos VIP como incentivo al “aprovechamiento académico”. Pase usted de año y llévese una selfie con el artista patrocinada por el contribuyente cautivo.

Simone Weil escribió que toda tiranía descansa sobre la ignorancia. El obradorismo parece haberlo convertido en manual operativo. Lo decía el líder macuspano: “la gente ignorante es más fiel a Morena”. O algo por el estilo.

Una ciudadanía crítica resulta incómoda; una clientela emocionalmente dependiente, no. La excelencia cuestiona. El mérito compite. El conocimiento compara. En cambio, la mediocridad agradece la beca, aplaude el concierto y vota feliz mientras le destruyen el futuro a sus hijos.

Y quizá allí esté lo más grave de todo: el obradorismo no deterioró la educación por accidente. Descubrió que un país mal educado resulta muchísimo más sencillo de administrar políticamente. Por eso ya ni siquiera esconden el desprecio hacia el estudio. La educación estorba. Produce individuos difíciles de manipular. Mucho más práctico fabricar generaciones que sepan corear consignas y repetir hashtags gubernamentales mientras reprueban comprensión lectora.

Y entonces apareció Mario Delgado haciendo quizá la escena más involuntariamente cómica de toda esta tragedia nacional: preguntarle a estudiantes, a mano alzada, si querían un mes más de vacaciones. Faltó que preguntara si preferían pizza o álgebra. O, mejor aún, inquirirles si él mismo, el secretario, es un idiota. Sabemos los resultados que tendría esa votación… El nivel técnico de la consulta solo fue superado por la cara de las maestras, quienes parecían debatirse entre la pena ajena y el impulso de esconderse debajo del escritorio.

Pero ya que al secretario le entusiasman tanto las consultas bananeras, hagamos otra. Pregúntenles a los padres de familia si quieren casi tres meses de hijos encerrados mientras ellos trabajan jornadas imposibles, pagan guarderías privadas y sobreviven en un país donde el crimen ya alcanzó incluso a la infancia. Ahí sí se le cae la mano alzada, se los aseguro.

Tan solo el año pasado fueron asesinados alrededor de dos mil menores en México, según cifras oficiales. En cualquier país medianamente serio eso provocaría una política nacional de protección infantil. Aquí la solución parece ser: “lléveselos a casa otro mes y que Dios reparta suerte”.

Y allí está el error de cálculo de Mario Delgado. La CNTE podrá paralizar avenidas. Pero los padres de familia organizados pueden convertirse en algo mucho más peligroso para la 4T: ciudadanos genuinamente hartos. Un ya chole colectivo.

No colectivos clientelares. No acarreados. No estructuras partidistas. Gente común a la que le movieron el horario, el bolsillo, la rutina y la paciencia. Un 10 de mayo adelantado y/o atrasado: estamos hasta la madre de un gobierno cínico, corrupto, desvergonzado.

Imaginen la escena: inauguración del Mundial, fuegos artificiales, drones sobre el Azteca, la FIFA sonriendo, los turistas a tope, Claudia Sheinbaum en el palco presidencial… y afuera cientos de miles o millones de padres protestando porque el gobierno decidió que la educación de sus hijos era negociable. Eso sí sería una postal internacional del morenismo.

Aunque pensándolo bien, quizá toda esta tragedia escolar termine teniendo una utilidad inesperada para la propia presidenta. Mario Delgado empieza a parecer menos secretario y más pasivo tóxico. Hay funcionarios que dejan de ayudar y comienzan a convertirse en expediente ambulante. Delgado ya entró peligrosamente en esa categoría. ¿Es intencional? Digo, para que le dé tiempo de huir antes de que la DEA caiga sobre él…

El hecho es que, entre ocurrencias, escándalos, corruptelas y declaraciones absurdas, el rey del huachicol ya calentó la banca.

Giro de la Perinola

Mientras Mario Delgado quiere resolver conflictos cerrando escuelas, Lenia Batres respalda criterios donde reprobar materias prácticamente dejó de importar. Asistencia mínima, evaluaciones y exigencia académica se volvieron opresiones neoliberales para la nueva aristocracia de la ignorancia.

El argumento de la ministra resulta enternecedor: “la educación no se mide con calificaciones”. ¡Vaya! Claro. Y las cirugías tampoco deberían medirse de acuerdo al número de pacientes sobrevivientes. Qué podría salir mal…

La 4T convirtió la mediocridad en política pública. La excelencia incomoda, el mérito irrita y el esfuerzo académico despierta sospechas ideológicas. En cambio, la ignorancia disciplinada resulta maravillosa para cualquier régimen: no cuestiona, no compara y hasta agradece que le cierren la escuela para “facilitar la logística”.

La 4T descubrió que cerrar escuelas puede ser mucho más fácil que gobernar. Lo que todavía no descubre es qué ocurriría si los padres dejan de comportarse como audiencia… y empiezan a actuar como ciudadanos.