“La falsedad vuela y la verdad llega cojeando detrás de ella”.

Jonathan Swift

La tierra todavía se movía en Colombia cuando cierta izquierda latinoamericana ya había encontrado entre los escombros lo que más le urgía rescatar: un relato. No a los desaparecidos, no a los heridos, no la verdad. El relato.

Abelardo de la Espriella llevaba tres días como presidente y ya había sido declarado culpable de rechazar la solidaridad internacional, despreciar a México, abandonar a su pueblo y anteponer su ideología a la vida humana. Un juicio sumario admirablemente veloz. La propaganda siempre llega antes…

La versión de las izquierdas resultaba perfecta: un presidente de derecha, admirador de Nayib Bukele, se negaba a recibir a los heroicos Topos mexicanos mientras cientos de colombianos permanecían bajo los escombros. La ideología habría vencido a la solidaridad. La derecha volvía a revelar su proverbial falta de humanidad.

Solo faltó un pequeño detalle: esa antigualla incómoda que antes llamábamos hechos.

Y es que, verán ustedes, la decisión inicial de no activar equipos extranjeros de búsqueda y rescate NO fue una ocurrencia de De la Espriella. La recomendó formalmente Javier Pava, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, ¡del gobierno de Gustavo Petro! y todavía en funciones durante la transición. El 11 de agosto, a las 13:45 horas, Pava firmó una carta dirigida a la Cancillería. Ahí dejó escrito que, de acuerdo con la evaluación disponible y las capacidades nacionales, no era necesario solicitar ni activar equipos internacionales USAR.

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Traducido al castellano: el supuesto portazo de la derecha fue determinado por un funcionario heredado de la izquierda. ¡Qué falta de consideración la de los documentos! Suelen arruinar hasta las más magníficas campañas de indignación...

Pava sostuvo que Colombia disponía de 23 grupos de búsqueda y rescate urbano. También explicó que algunos de los contingentes ofrecidos por diversas naciones no tenían clasificación internacional y que el país debía solicitar aquello que realmente necesitaba: hospitales de campaña, miles de kits de alimentación, menaje, plantas y apoyo tecnológico para coordinar la emergencia.

Puede debatirse si su diagnóstico fue correcto (que no lo fue). Más aún, debe investigarse si las capacidades colombianas eran suficientes y si la demora costó oportunidades de rescate. Lo que no debe hacerse es endosar automáticamente aquella evaluación al prejuicio ideológico del presidente recién llegado.

Hay un dato todavía más incómodo para los que se dicen de izquierda: Pava reconoció haber expresado reservas políticas frente a los equipos de Israel y Estados Unidos. También relató que tenía desconfianza hacia el apoyo mexicano. Es decir, la transición en Colombia encontró a funcionarios de dos administraciones ideológicamente enfrentadas mirándose con recelo mientras el país se derrumbaba. Esa es la realidad.

Si la política contaminó la emergencia, no lo hizo desde una sola orilla del espectro ideológico. Pero una izquierda de pacotilla nunca desperdiciaría jalar agua para su molino contando —como debe ser— completa la historia.

Prosigo. Después vino el caso de los Topos... Aquí la desinformación de la izquierda latinoamericana, incluida la mexicana, adquirió casco, chaleco y una pala ceremonial. Mejor les explico:

En México existen distintas brigadas que utilizan el nombre o la tradición de los Topos. Topos Tlatelolco y Topos Azteca no son una misma organización. No tienen la misma formación, equipo, reconocimientos, etcétera. Un contingente de Topos Azteca llegó a Cali procedente de Venezuela y comenzó a colaborar; Topos Tlatelolco informó por separado que quedaron a la espera de autorización. Diversas notas mezclaron ambos grupos, sus comunicados y su situación operativa hasta producir la frase más rentable: “Colombia rechazó a los Topos”. Pues no; nada más falso.

Las propias notas de prensa que preguntan por qué el gobierno colombiano “no quiere” el apoyo mexicano, admiten que Topos Tlatelolco no aparece entre los equipos clasificados internacionalmente por INSARAG. Y esa oficina no es del gobierno del recién inaugurado presidente colombiano. Esa red es dependiente de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas y es la que establece estándares en todo el orbe para que brigadas procedentes de distintos países puedan operar juntas sin improvisación, duplicidades ni riesgos adicionales.

Enviar personas valientes no equivale automáticamente a desplegar un equipo internacional acreditado, autosuficiente y coordinado. En una estructura colapsada, el heroísmo sin mando también puede matar.

Nada de esto disminuye la trayectoria ni el valor de los rescatistas mexicanos. Al contrario: obliga a distinguirlos y tratarlos con seriedad, no como utilería sentimental de una reyerta política. La gratitud hacia los Topos no exige borrar los protocolos internacionales. La solidaridad tampoco otorga a ninguna brigada el derecho automático de entrar en otro país y operar sobre estructuras inestables sin coordinación de la autoridad responsable.

Pero lo que propagan algunos medios y espacios informativos es el veneno. Dicen, como quien quiere afirmar: “¿Por qué el gobierno no quiere apoyo de rescatistas de los Topos?”. No preguntan si Colombia necesitaba ese contingente, si estaba acreditado, si existían otros equipos mexicanos formalmente ofrecidos ni quién emitió la recomendación inicial. Deciden de antemano que el gobierno colombiano entrante “no quiere” ayuda. Después añaden que Colombia busca una certificación poseída por “aliados de países conservadores como Estados Unidos e Israel”. Lo que son las cosas, hasta INSARAG terminó afiliado a la internacional derechista… La ONU quizá deba revisar su credencial de militante. Digo.

La falsedad se amplificó en redes con afirmaciones sobre que algunos videos mostraban a bomberos perdiendo la vida mientras intentaban rescatar personas con grúas. Pues les tengo una noticia: el video viral que muestra un edificio desplomándose sobre bomberos y vehículos fue generado con inteligencia artificial. UOL Confere y Aos Fatos ya lo verificaron. Así que se terminó denunciando la supuesta insensibilidad presidencial mediante víctimas que nunca existieron, dentro de imágenes que nunca ocurrieron…

De la Espriella no queda exento de responsabilidad. Es el presidente, encabeza la respuesta y tiene/tenía la obligación de verificar que el diagnóstico de la UNGRD correspondiera a la magnitud del desastre. Las 54 horas transcurridas antes de ampliar la recepción de equipos internacionales deben explicarse. La cifra de 23 grupos USAR tampoco basta: hay que saber cuántos estaban disponibles, dónde fueron enviados, qué capacidad operativa tenían y cuántas estructuras podían atender simultáneamente. Pero defender la verdad no consiste en sustituir una propaganda por otra.

El gobierno actuó después en sentido contrario al relato que se le atribuye. Pava dejó la dirección de la UNGRD; David Tamayo asumió el puesto; Colombia abrió la recepción de equipos internacionales certificados y coordinó ayuda de Estados Unidos, Israel, Ecuador, El Salvador, México, Perú, Brasil y la Unión Europea. También recibió suministros, apoyo médico, asistencia logística y tecnología. No hubo un rechazo general a la cooperación internacional. Hubo una primera evaluación técnica discutible, una transición caótica, criterios políticos cruzados y, más tarde, una ampliación del despliegue.

¿Se equivocó Colombia al no pedir desde el primer minuto todos los equipos disponibles? Es posible. ¿Debe investigarse la suficiencia del operativo nacional y el costo de la demora? Sin duda. ¿Fue De la Espriella quien, movido por su ideología derechista, cerró Colombia a México y al mundo? No.

La evidencia apunta hacia una realidad mucho menos útil para la militancia revolucionaria del continente: el nuevo presidente recibió la recomendación de no activar brigadas extranjeras de un funcionario del gobierno de Petro y después modificó esa decisión.

La tragedia colombiana dejó víctimas reales. No necesita bomberos inventados por inteligencia artificial, Topos intercambiables, certificaciones convertidas en conspiración conservadora ni psicoanálisis a distancia del presidente. Tampoco necesita a quienes descubren negligencia únicamente cuando gobierna la derecha y encuentran justificación técnica cuando la incompetencia lleva el uniforme ideológico correcto.

Giro de la Perinola

Todos ponen: Colombia pone los muertos, los rescatistas se juegan la vida, los medios inyectan el prejuicio y algunos militantes inventan mentiras. La verdad, como de costumbre, fue la única a la que intentaron negar el ingreso por falta de certificación.